Carlos, como te comentaba ayer, formar parte de PagoNxt fue una de las mejores etapas de mi carrera. Siempre he visto al Grupo como una oportunidad brutal para hacer cosas, innovar y tener impacto de verdad, del que se nota en la vida de la gente.
Y aunque ya no esté dentro, lo sigo sintiendo como algo propio. Por eso le sigo dando vueltas a hacia dónde puede ir el banco. Aquí van algunas de esas ideas, sin filtro y sin corbata.
El punto de partida
Un momento de fuerza, y un tablero que cambia
Santander está en un momento de fuerza como pocas veces. Resultados récord, escala global y la confianza de millones de personas. Eso no lo tiene cualquiera.
Pero el tablero está cambiando. Los neobancos no pelean por tu hipoteca ni por tus ahorros. Pelean por algo más pequeño y más valioso: por estar ahí cada día, en cada café, en cada transferencia, en cada gasto. Es la frecuencia de uso, y es donde se está jugando de verdad la relación con el cliente.
La tentación es competir con ellos en su terreno. Creo que el camino es otro. No imitar al neobanco, sino usar lo que ellos nunca van a tener (nuestro balance, nuestra infraestructura de pagos, nuestra red física) para dar una experiencia digital tan buena que su propuesta se quede sin sentido.
Autónomos y pymes
Donde podemos sacar más distancia
Si hay un sitio donde Santander puede marcar una diferencia difícil de alcanzar, es con autónomos y pymes. Los neobancos son rápidos en software, pero por debajo dependen de infraestructura de terceros. Nosotros somos dueños de casi toda la cadena. Ahí está la ventaja real.
Tenemos Getnet, una de las mayores plataformas de adquirencia del mundo. Mientras Revolut o Qonto subcontratan la pasarela de pagos (Stripe y compañía), nosotros controlamos el margen y la operativa de principio a fin.
Tap-to-Pay en el día a día de un autónomo.
Y de ahí sale lo que a mí me parece más potente de todo: el Tap-to-Pay. El móvil de cualquier profesional convertido en datáfono en cuestión de minutos. Sin comprar hardware, sin contratos de mantenimiento, sin esperas.
El fontanero, la peluquera, el que monta un puesto en un mercado, todos cobrando con solo acercar una tarjeta al teléfono. Getnet y PagoNxt ya tienen el músculo para hacerlo, y es justo el tipo de gancho que deja al neobanco sin argumentos.
Además, como tenemos a la vez la parte que cobra (Getnet) y la cuenta donde entra el dinero (Santander), podemos dar algo que a un autónomo le quita el sueño: liquidez de verdad, el dinero disponible al instante.
Y hay un segundo paso, que es donde esto se pone interesante de verdad: la financiación embebida. Si el negocio cobra a través de nosotros, vemos su flujo de caja en tiempo real, día a día. Con esa foto podemos ofrecerle crédito preaprobado o anticipo de facturas a un clic, sin papeleo y sin tener que ir a una oficina a pedir nada.
Y lo hacemos con un scoring vivo, que se actualiza solo con lo que el negocio factura, algo que un neobanco no puede replicar porque no es dueño de esa información. En ese momento la cuenta de empresa deja de ser una cuenta y pasa a ser el sistema operativo financiero del negocio.
El día a día
Tarjetas que piensan
Tenemos productos históricos y sólidos, como la prepago e-Cash, perfecta para quien quiere separar su dinero a la manera de siempre. Pero para las nuevas generaciones hay que dar un paso más. Pasar del "aíslo dinero recargando una tarjeta" al "controlo el dinero con software", y sin fricción. Tres ideas concretas:
01
Tarjetas de un solo uso
Para comprar online. El número y el CVV se autodestruyen un segundo después de la compra. Menos fraude, menos chargebacks, menos cancelaciones, y le quitamos a Revolut uno de sus mayores ganchos de seguridad.
02
Tarjetas para suscripciones
Una tarjeta virtual para cada servicio recurrente (Netflix, el gimnasio, lo que sea), atada al saldo pero con un límite fijado por software. Sin recargar nada, y con el cliente protegido si una suscripción le sube el precio sin avisar.
03
Tarjetas corporativas efímeras
El responsable crea una tarjeta para un empleado (“viaje a Londres”) que caduca en 72 horas y con un límite estricto. Es competir de frente con Qonto y Revolut Business, y retener a la pyme sin depender del plástico.
Omnicanal
Las oficinas, la carta que nadie puede copiar
Los puramente digitales flaquean justo en los momentos que más importan. Cuando se te bloquea algo raro, cuando pides una hipoteca, cuando necesitas ordenar tu patrimonio o estructurar la deuda de tu empresa. Ahí una app no basta. Y nosotros tenemos una red física que vale oro.
Si llevamos todo lo rutinario (ingresos, transferencias, consultas) a lo cien por cien digital, las oficinas se convierten en lo que de verdad aporta valor: centros de asesoramiento. Una app con la fluidez de un neobanco y, detrás, una persona experta que te mira a los ojos. Esa combinación no la puede montar ninguna fintech.
En resumen
Ya tenemos todas las piezas
Al final, lo que veo es esto. Santander ya tiene todas las piezas del puzzle: el talento, la tecnología (Openbank, Gravity), las plataformas de pagos y adquirencia propias (PagoNxt y Getnet) y la confianza del mercado. No hace falta inventar casi nada. Hace falta juntarlo todo bajo una experiencia impecable, y entonces la oferta de cualquier neobanco se queda pequeña.
No escribo esto como consultor ni como alguien de fuera. Lo escribo porque le tengo cariño a esta casa, y porque creo de verdad que la próxima década de la banca global se puede definir desde aquí.